Tener un buen sillón

Acabo de comprar un juego de sillones por internet y la verdad que la desilución me ha embargado al notar lo que son los dos butacones.

Primero que nada, enanos, ahora se ve que tienen la costumbre de realizar muebles para gente de 1.70. En mi caso, mi metro noventa hace que de verdad se me vea muy chistoso.
Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor es que no es ni mullido ni cómodo. Todo esto me ha hecho reflexionar acerca de la importancia de contar con un buen sillón.

El sillón es ese mueble al que siempre acudimos cuando estamos cansados. Buscamos su comodidad para gozar de una buena lectura, para ver el fútbol o simplemente para quedarnos un rato dormidos sin escuchar a nuestras esposas.

Obviamente preferimos esos sillones grandes, mullidos, y sobretodo con brazos grandes en los que podamos apoyar la bebida y la comida a la hora de mirar el televisor.
El sillón es como un banco, pues en el buscamos esas monedas que se nos han caído.
El sillón, ese al que tantas veces nos mandan a dormir cuando la mujer se hecha una bronca o ese al que recurrimos cuando queremos buscarle una variante a la cama …

Todos merecemos tener un buen sillón … Así que si te dicen de cambiar tu viejo y amado sillón por un capricho de la moda, no lo hagas, niegate rotundamente, demuestra quien lleva los pantalones en la casa y aferrate a tu sillón, ese amigo que siempre te espera con los brazos abiertos.

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